Al hilo de todas estas movidas que hay últimamente por parte de los "artistas", que dicen aquello de no poder alimentar su estómago agradecido al régimen en condiciones y que el hecho de la descarga para copia privada - es necesario indicar que ésta no es ilegal - es un peligro para los derechos de autor, me acordé de cierta obra de Joseph Proudhon - para quienes no lo conozcan, muy anterior al marxismo y considerado el fundador del anarquismo prácticamente -, en la que venía a explicar el papel de los artistas en sociedad.

Pues bien, según Proudhon, el hecho de la existencia de científicos y artistas se debe a un orden natural, ellos serían una minoría y no la mayoría de la sociedad puesto que así la naturaleza les concibe para que sean admirados y su obra resalte del resto, sin embargo - y he aquí lo interesante -, a la hora de analizar una obra artística con una laboral surgen determinados abismos insalvables.

Es así que, por ejemplo, el ejemplo contado por Proudhon sitúa a un agricultor normal y a un gran poeta como Homero encontrándose por la calle. El agricultor se queda maravillado ante la inmensidad y maestría de "La Ilíada", y reconoce que él es incapaz de hacer algo así. Entonces el autor plantea la posibilidad de que el Homero del ejemplo decidiera vivir a costa del agricultor y de sus vecinos, ganando más que ellos, por el simple hecho de ser un "artista" que tiene talento y vale más que el resto. ¿Vale más? Se pregunta. ¡Eureka!: Se concluye que, el artista no puede vivir sin los alimentos que el agricultor logra sacar de la tierra, de la NADA, mientras que el agricultor puede perfectamente vivir sin la obra del artista.

De todo esto hay que extraer una simple y natural conclusión;

A las cosas hay que darles la importancia justa y que merecen, no más. Y al artisteo -artistas y personas aspirantes a serlo- es necesario recordarle muy de vez en cuando el ejemplo de Proudhon.