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La Coctelera

Un ermitaño en la Gran Vía

Historias diarias

22 Mayo 2008

Jueves, 22 de mayo de 2008

Son las nueve y cuarto de la mañana, pero parece que es de madrugada, porque las caras de los pasajeros del tren son las mismas.
Nadie presta atención al paisaje verde y montañoso que se exhibe vestido de flores y plantas primaverales, indecente y presumido, sabedor de que el verano está cerca y acecha, tanto como la muerte.
No hay lugar en esta ocasión para conversaciones políticas, ni familiares, ni de ningún tipo. Y las mujeres ni siquiera observan a los hombres, sin embargo los chavales no pueden evitar con el rabillo del ojo mirar a las jóvenes que despedazan el aroma de las plantas para que sus bálsamos lleguen a penetrar en nosotros.
Da la sensación de que si el tren se detiene, la vida perderá el sentido.

Y así, llegamos a mi estación, y me bajo.

servido por uneremitaenlagranvia 1 comentario compártelo

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xikita

xikita dijo

precioso texto, me has transportado a tu vagon del tren.

22 Mayo 2008 | 06:04 PM

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Un ermitaño en la Gran Vía

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Escribo, mejor dicho, vomito al mundo mi basura desde un lugar del norte de la Península Ibérica que unos llaman España, otros Euskal Herria, y otros Vascongadas. En mi tiempo libre (tal vez demasiado) hago música. laespumadelvenus@gmail.com

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