Jueves, 22 de mayo de 2008
Son las nueve y cuarto de la mañana, pero parece que es de madrugada, porque las caras de los pasajeros del tren son las mismas.
Nadie presta atención al paisaje verde y montañoso que se exhibe vestido de flores y plantas primaverales, indecente y presumido, sabedor de que el verano está cerca y acecha, tanto como la muerte.
No hay lugar en esta ocasión para conversaciones políticas, ni familiares, ni de ningún tipo. Y las mujeres ni siquiera observan a los hombres, sin embargo los chavales no pueden evitar con el rabillo del ojo mirar a las jóvenes que despedazan el aroma de las plantas para que sus bálsamos lleguen a penetrar en nosotros.
Da la sensación de que si el tren se detiene, la vida perderá el sentido.
Y así, llegamos a mi estación, y me bajo.


xikita dijo
precioso texto, me has transportado a tu vagon del tren.
22 Mayo 2008 | 06:04 PM