Ni siquiera la censura pudo apoderarse de la obra póstuma de Stanley
Kubrick, una bomba de relojería moral que te explota en la cara,
titulada Eyes Wide Shut.

Podemos rescatar muy buenas cosas de esa película, pero me quedaría con dos cosas.

La primera, el mensaje claro de que, bajo la capa de moral y pulcritud, todos nuestros vecinos reprimen al máximo sus deseos.

¿Acaso nunca te pasó como a Alice, la mujer del dr. Halford, que bajo
los efectos de las drogas y en público, en un repentino ataque de
sinceridad afirma que estuvo a punto de abandonar a su marido por un
desconocido?...¿Nunca se te escapó la mirada ante el paso de cualquier
viandante, incluso siendo acompañado por tu pareja?...

La frase final de Nicole Kidman (Alice) cerrando la película tampoco tiene ningún desperdicio: "Debemos de estar agradecidos, de no haber muerto por nuestros deseos, sucedieran en los sueños, o en la realidad".

Lo mejor es cuando Tom Cruise le pregunta qué deben de hacer y ella finaliza el film con tres palabras: "Follar cuanto antes".

Hay muchos otros detalles que podemos rescatar de esa obra póstuma de
Kubrick, destacaría también la facilidad que todo cristo tiene para
caer presos del deseo e ir sumergiéndose en una espiral onírica de
deseo y venganza sexual, y esto, sé de muy buena tinta que a mis
lectores también les habrá llegado a pasar alguna vez, solo que es una
de esas cosas que nadie reconoce jamás en sociedad.

Antes de vengarnos deberíamos de asumir nuestros deseos, incluso los
mas profundos, esos que jamás nos decimos siquiera cuando nos miramos
solos ante el espejo.

Eyes Wide Shut nos recuerda esto mismo, dejándonos también presente, que no somos los únicos: toda la sociedad es así.

Que tengáis un buen día.