Naufraga en su cuerpo todas las noches,
y mas tarde llega a casa y se lamenta ante una pantalla.
Me cuenta historias raras,
cosas de las que nunca quise enterarme,
Siempre las mismas frases maquilladas con mismas lágrimas,
y en las madrugadas para no lapidarme
me nutro de sus desgracias, suspiro en su almohada.
Por eso, y aunque intenten negarlo
ahora lo sé, comprendo que la virtud se nutre del pecado.